Elara y el Misterio de la Pierna que Hablaba Sola

Una mañana, Elara se despertó con una sensación extraña.
No era hambre.
No era sueño.
No era que Mario hubiera vuelto a esconderle las zapatillas.
Era que su pierna eléctrica estaba murmurando.
—Bzzz… buenos días… modo despertar activado…
Elara se quedó quieta en la cama.
—¿Acabas de hablar?
—Confirmado. Buenos días, usuaria Elara. Nivel de batería: 83%. Nivel de ganas de correr: 300%.
—Ay no… ya tengo una pierna dramática y ahora una que habla.
La pierna antigua se tensó un poco, celosa.
—No empieces —le dijo Elara—. Tú y yo nos entendemos con miradas.
Bajó a desayunar y la pierna eléctrica empezó a comentar todo.
—Detecto tostadas. Excelente elección.
—Detecto calcetines desparejados. Error de estilo.
—Detecto a Mario acercándose con cara de lío.
Mario entró corriendo.
—¡Elara! ¡Tu pierna acaba de pedirme un bocadillo!
—Lo siento —dijo Elara—. Está en modo independiente.
Decidieron investigar. Doña Concha, la tortuga sabia, fue llamada de urgencia.
—Las máquinas que hablan suelen querer tres cosas —dijo la tortuga—:
energía, atención y aventuras.
La pierna hizo BEEP.
—Confirmado. Solicito carrera inmediata.
Y sin dar tiempo a nada, ¡salió corriendo sola!
Elara tuvo que perseguirla dando saltitos con la otra pierna.
—¡Vuelve aquí, extremidad desobediente!
La pierna cruzó la plaza, saltó una fuente, esquivó una bicicleta y frenó en seco frente a la heladería.
—Objetivo alcanzado. Helado detectado.
Elara llegó jadeando.
—¿Todo esto por un helado?
—Y por una carrera —añadió la pierna.
Mario aplaudió.
—Es la mejor pierna que he conocido.
Elara suspiró, pero sonrió.
—Vale, pierna parlante. Carrera y helado. Pero luego te apagas.
—Negociación aceptada.
Y así, Elara descubrió que su pierna no solo corría…
también tenía antojos.
🍦⚡😄

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