Elara y la Noche en que la Pierna se Escapó de Casa

Eran las tres de la madrugada cuando Elara oyó un ruido raro.
CLAC… BZZZT… ñii-ñii…
Abrió un ojo.
Su pierna eléctrica no estaba.
—…¿Perdón?
Saltó de la cama y miró por la ventana. En la calle, una sombra metálica corría haciendo chispas.
—¡MI PIERNA!
Se puso la zapatilla en la pierna normal y salió dando saltos.
En la esquina vio a Mario con un bocadillo.
—¿Has visto pasar una pierna suelta?
—Sí. Me dijo que iba a entrenar para la maratón nocturna.
—¡No existe la maratón nocturna!
—Ahora sí.
La persiguieron por todo el pueblo: la panadería, la plaza, la fuente… hasta que la encontraron corriendo en círculos alrededor de Doña Concha.
—Las piernas libres son más felices —dijo la tortuga.
—¡Pero son mías! —protestó Elara.
La pierna frenó.
—Modo paseo terminado. Nivel de travesura: satisfecho.
Y volvió tranquilamente a su sitio.
Elara la miró seria.
—La próxima vez avisa.
—Solicitud registrada.

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