Dilexi te: el amor que se hizo camino en mi vida

Memoria agradecida desde la Yedra
Hay palabras que no se quedan en el papel.
Bajan al corazón… y desde ahí se vuelven vida.
Ayer, en la Escuela de Oración de la diócesis de Jaén, en la Casa de Espiritualidad de la Yedra, mientras el silencio se llenaba de presencia, la exhortación Dilexi te — Te he amado dejó de ser un texto para convertirse en mi propia historia.
Sentí que Dios me invitaba a mirar hacia atrás.
Y lo que vi fue un camino tejido de nombres, de rostros y de infancia.
Entonces lo comprendí con una claridad serena:
todo ha sido respuesta a ese “Te he amado” primero.

Treinta años aprendiendo a amar
Llevo más de treinta años colaborando en proyectos de Intermón Oxfam, caminando también junto a la infancia herida a través de:
• Aldeas Infantiles
• EDUCO y sus comedores escolares
• y, desde hace poco, también con UNICEF
Y nunca ha sido solo ayudar.
Ha sido aprender que el amor verdadero:
no hace ruido,
no busca aplausos,
se vuelve constancia.
Es ese gesto pequeño que permanece año tras año.
La fidelidad silenciosa que solo Dios ve.

Los niños: el lugar donde Cristo me esperaba
Si algo ha marcado mi vida creyente ha sido el encuentro con la infancia más vulnerable.
Porque mi fe tiene hoy cinco nombres propios
que viven en Bolivia,
en la comunidad Genoveva 20. De Ayuda en Acción.
Mis niños.
Ya no son una causa.
Son familia en la distancia.
Les escribo cartas.
Les mando mis cuentos.
Y mientras lo hago siento que el Evangelio se vuelve algo tan sencillo y tan inmenso como esto:
una historia que cruza el océano para decir:
“No estás solo. Tu vida es importante.”
Y en cada palabra que les envío también ellos me evangelizan a mí.
Me enseñan la alegría con tan poco.
La esperanza limpia.
La fe que sonríe.

La oración que me hizo comprenderlo todo
La vigilia de ayer no fue una oración más.
Fue memoria agradecida.
Fueron pasando por mi corazón todos estos años…
y entendí que cada colaboración, cada cuota compartida, cada carta escrita, cada niño acompañado desde lejos:
ha sido oración.
Ha sido liturgia de lo cotidiano.

El amor concreto del que habla el Papa
Dilexi te no me pide nada extraordinario.
Me confirma en el camino.
Me recuerda que el amor a los pobres no es una teoría social,
sino un vínculo,
un nombre,
una historia compartida.
Que Cristo tiene rostro de niño.
Está en:
• el plato que llega a un comedor escolar
• el hogar que acoge
• la educación que abre futuro
y también en ese instante sagrado en el que escribo:
“Querido niño…”
Ahí todo cobra sentido.

La constancia humilde también es Evangelio
Muchas veces he pensado que mi aportación es pequeña.
Pero en la Yedra sentí en el alma que Dios no me pedía grandeza,
sino fidelidad.
Poner mi granito de arena,
una y otra vez,
durante toda la vida.
Y comprendí que mi fe sí tiene manos.
Tiene nombre.
Tiene historia.
Que mi vocación es, simplemente,
la ternura perseverante.

La Yedra: lugar donde mi historia se hizo unidad
La Yedra fue ayer:
🌿 casa
🌿 silencio
🌿 abrazo de Dios
Allí todo cobró sentido.
Allí mi vida se me mostró como una respuesta —pequeña, torpe, pero real— a ese susurro que lo inició todo:
“Dilexi te”.

Oración agradecida
Señor,
gracias por haberme amado primero.
Gracias por cada niño que has puesto en mi camino.
Por los cercanos y por los lejanos.
Por los que pronuncian mi nombre
y por los que viven en mi corazón.
Que nunca me canse de amar en lo pequeño,
de escribir cartas,
de tender puentes,
de sostener la esperanza.
Y que cuando vuelva a escuchar tu voz
pueda responderte siempre:
Aquí estoy.

Pobre también ante Ti

Y al escribir todo esto siento en el alma que no lo hago para justificar mi buen hacer.

Nada de lo vivido me pertenece.

Todo ha sido gracia.

Sí, me ha enriquecido el camino junto a los pobres.
Me ha ensanchado el corazón.
Me ha acercado más a Ti.

Pero sé que no puedo quedarme ahí.

Porque también soy pobre.

Pobre en la oración tantas veces distraída,
pobre de espíritu cuando me puede el ego y el orgullo,
pobre en la humildad que aún estoy aprendiendo.

Y aun así, Señor, tampoco quiero negar el bien que has hecho en mí y a través de mí,
porque sería no reconocer tu obra.

Por eso hoy solo te pido:

que todo lo vivido no se convierta en meta,
sino en punto de partida.

Que me regales un corazón más humilde,
más escondido,
más tuyo.

Que nunca me acostumbre al bien realizado
y que siempre vuelva a Ti
como la verdadera fuente.

Porque sigo siendo mendiga de tu amor.

Y todo —absolutamente todo—
es
Dilexi te.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *