Aprender a quedarme

¿Cómo seguir con esta zozobra?
me pregunto,
mientras recojo del suelo
las palabras que rompí.

Soy barro que habla demasiado,
herida que se defiende con ruido,
orgullo que se levanta
cuando en realidad quiere llorar.

Meto la pata, sí,
como quien camina a oscuras
y tropieza con su propia sombra.

Y me llamo pecadora
como si ese nombre
fuera mi única casa.

Pero en medio del juicio
hay una voz pequeña
—casi un susurro—
que no me acusa.

Dice:
quédate.

No tienes que huir de ti,
ni arrancarte la piel,
ni dejar de ser
para empezar de nuevo.

Eres también
la que pide perdón,
la que quiere amar mejor,
la que se duele por haber herido.

Y eso
también es gracia.

Hoy no voy a vencerme,
ni a corregirme entera.
Hoy solo voy a abrazar
esta criatura contradictoria que soy

y aprender, despacio,
a mirarla
con los mismos ojos
con los que Dios la mira.

1 comentario en “Aprender a quedarme”

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