
Mi pasado
es un jardín sumergido
donde las estatuas lloran luz.
Allí lo dejo,
en el cuenco insondable de tu misericordia,
como una llave antigua
que ya no abre dolor.
Mi presente
es un pájaro de agua
posado en la palma de tu amor.
Respira.
Arde.
Canta sin sonido
mientras el tiempo se disuelve
en campanas de niebla.
Y mi futuro…
ah, ese cielo que aún no tiene constelaciones,
ese sendero que se dibuja
con los pasos que no he dado,
lo duermo en tu providencia
como un niño
en el pecho interminable de la noche.
Tú sabes, Señor,
que soy pobre de eternidades,
que solo poseo
este reloj de arena detenido
en la sílaba hoy.
Hoy,
donde florecen los milagros pequeños,
donde tu rostro se esconde
en la taza humeante,
en la herida abierta del hermano,
en la mariposa que atraviesa mi sombra.
Hoy,
única barca sobre el océano del misterio,
para amarte
con las manos llenas de tierra y de cielo,
para amarte
en cada criatura que pronuncia mi nombre
como si pronunciara el tuyo.
Y mientras el universo gira
dentro de una gota de silencio,
yo me vuelvo semilla en tu luz,
instante puro,
sueño despierto,
latido.
Porque no tengo más tiempo que este
—este lirio que se abre sin historia—
ni más riqueza
que el amor que ahora te doy
como un río que olvida su origen
al entrar en el mar. 🌙✨✨