Paloma mía 🕊

Más poesía
y menos guerra.

Paloma mía,
de tanto nombrarte
quebraron tus alas,
machacaron tu pico,
y la hojita de laurel
cayó en el campo de exterminio.

Allí,
donde el hombre sembró muerte
en vez de amar,
crece ahora un laurel.

Crece en recuerdo de los muertos,
en recuerdo de las mujeres
y de los niños,
crece un laurel
abonado por la sangre
y por los cuerpos putrefactos
que deja el hombre
tras su paso.

¡Dios!
¿cuándo aprenderá el hombre
que tú siembras amor,
que tú nos diste la vida,
la capacidad de amar,
que tú eres puro amor
y nos perdonas
hasta la saciedad?

Lloro por el hombre que te insulta,
lloro por el hombre
que mancilla tu nombre.

Lloro porque el hombre
no es capaz de asumir
su propia vergüenza
por ser hombre.

Porque nos diste la vida,
el regalo más preciado,
junto a la libertad
y la capacidad de amar.
Lloro por el hombre
que no ve
que somos
nuestro peor enemigo.

Lloro porque te amo
y no sé bendecir tu nombre,
no sé defender tu obra.

Porque no me diste
—o quizá no he sabido escuchar—
el don de la palabra
para hablar de tu amor,
para hablar de ti, Señor.

Porque me bendeciste con tu amor
y no sé decir
todo el bien que haces
a quien es afortunado
de escucharte,
de orar,
de meditar
y sanar su corazón.

Dios, hoy aquí
bendigo tu nombre.

Se nos llena la boca
de hablar de paz,
y tenemos reseco el corazón
de las miserias del hombre.

Dame el don de la palabra
para hablar de ti.

No te echemos las culpas
de nuestras atrocidades,
de nuestro corazón putrefacto,
de nuestras miserias.

Dame el don de la palabra
para hablar en tu nombre,
para bendecirte
y alabarte.

Porque nos diste
tres regalos:

la vida,
la libertad,
y la capacidad de amar.

Aprendamos a valorarlos
y a usarlos
con dignidad.

Y quizá entonces,
paloma mía,
vuelvan a sanar tus alas
y el laurel deje de crecer
sobre la muerte
para crecer, por fin,
sobre la paz. 🌿🕊️
 
 

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