Entrar en la espesura del Amor: Reflexión tras la charla de la tarde en el retiro sanjuanista

La tarde caía lentamente sobre la Casa de Espiritualidad de San Juan de la Cruz. En el silencio del retiro, las palabras escuchadas resonaban en el interior como un eco suave que no quiere apagarse. No era solo una charla más. Era una invitación a entrar más adentro.

San Juan de la Cruz nos puso hoy ante una frase que parece sencilla, pero que es un verdadero abismo espiritual:

“Gocémonos, Amado,
y vámonos a ver en tu hermosura…
entremos más adentro en la espesura.”

Estas palabras del Cántico Espiritual no describen simplemente una oración o un sentimiento religioso. Describen una relación viva entre Dios y el alma. Una relación de amor.

El deseo de amar más

San Juan explica que cuando el alma ya ha experimentado la unión con Dios, no se queda quieta. El amor verdadero nunca se queda inmóvil. El amor quiere crecer, profundizar, transformarse. Por eso el alma pide tres cosas al Amado: gozar del amor, parecerse a Él y conocer sus secretos.

Primero pide: “Gocémonos, Amado.”
Es el deseo de vivir la dulzura del amor de Dios, no solo en momentos extraordinarios, sino en el ejercicio cotidiano de amar: interiormente con la voluntad y exteriormente en las obras. Amar a Dios no es solo sentir, sino vivir.

Después dice: “Vámonos a ver en tu hermosura.”
Aquí se esconde una de las intuiciones más profundas de la mística cristiana: el alma quiere llegar a parecerse tanto a Dios que, al mirarse mutuamente, solo se vea su misma hermosura. No la nuestra, sino la suya reflejada en nosotros.

Es el misterio de ser hijos de Dios por participación: vivir en Él hasta que todo lo nuestro se transforme en suyo.

Entrar en la espesura

Pero llega la frase más difícil y más verdadera:

“Entremos más adentro en la espesura.”

La espesura es el misterio de Dios, su sabiduría infinita, la profundidad de su amor. Pero San Juan añade algo que sorprende: esa espesura también es el camino del padecer, de las tribulaciones, de las pruebas que purifican el alma.

No porque Dios quiera el sufrimiento, sino porque el amor profundo pasa por la cruz. El mismo San Pablo lo expresa al hablar de la profundidad y anchura del amor de Cristo, que solo se comprende desde la caridad y la perseverancia en las pruebas.

La puerta para entrar en la sabiduría de Dios —dice San Juan— es estrecha, y esa puerta es la cruz. Muchos desean los frutos del camino, pero pocos quieren atravesar su puerta.

La gran tentación espiritual

En la charla también apareció una advertencia muy actual. Muchas veces buscamos en la vida espiritual consuelos, dulzuras, experiencias agradables de Dios. Pero el verdadero camino no consiste en buscar lo sabroso, sino en aprender a amar también en la sequedad, en el silencio y en la pobreza interior.

Seguir a Cristo implica negarse a uno mismo y tomar la cruz. No solo renunciar a cosas externas, sino también a ese deseo de sentirnos siempre bien espiritualmente.

El verdadero amor no busca su propio gusto, sino al Amado.

Un retiro que abre profundidad

Al salir de la sala, el silencio del retiro parecía más denso, más lleno. Como si esas palabras hubieran ensanchado el interior del alma.

Quizá eso es lo que San Juan quiere enseñarnos:
que la vida espiritual no consiste en subir montañas de experiencias extraordinarias, sino en adentrarse poco a poco en la espesura del amor de Dios.

Una espesura que a veces será luz, otras oscuridad, otras silencio.

Pero siempre será Amor.

Y tal vez, sin darnos cuenta, ya estamos caminando hacia ese momento en que el alma pueda decir con verdad:

“Vámonos a ver en tu hermosura.”

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