
Hay días de vacaciones que no necesitan grandes planes para convertirse en recuerdos especiales. Basta con buena compañía, ganas de disfrutar y dejarse llevar por lo que vaya surgiendo. Y eso es precisamente lo que nos ha pasado a Inma y a mí en nuestro día de hoy, en nuestras vacaciones por la Sierra de Cazorla.
La mañana comenzó tranquila, de esas que saben a vacaciones de verdad. Nos quedamos disfrutando de la piscina de los Apartamentos del Pinar, buscando un poquito de frescor entre el calor del verano, charlando, riéndonos y dejando que las horas pasaran sin prisas.
Pero la tarde nos tenía preparada una aventura diferente.
A la hora acordada salimos de los apartamentos y nos dirigimos a la carretera cercana, donde nos recogió el tren turístico que nos llevaría hasta el Parque Cinegético de Cazorla. Y desde el primer momento ya comenzó la diversión. Subirnos al tren, acomodarnos y emprender el camino entre los paisajes de la sierra fue como entrar en otra película.
La naturaleza nos esperaba.
A lo largo del recorrido pudimos contemplar jabalíes, cabras montesas, ciervos, gamos y otros animales que forman parte de este maravilloso entorno. Algunos aparecían entre los árboles; otros se acercaban con tranquilidad, como si ya estuvieran acostumbrados a la presencia del tren.
Y lo mejor de todo fue poder conocer un poquito más sobre ellos gracias a las explicaciones del guía. No fue simplemente un paseo para mirar animales. El guía nos fue contando detalles sobre las especies, su comportamiento y la vida en este espacio natural.
En algunos momentos se bajaba del tren para acercarse a los animales y darles de comer. Solamente él podía hacerlo, porque estaba prohibido que los visitantes alimentáramos a los animales. Una norma lógica y necesaria para respetar su bienestar y mantener su comportamiento natural.
Nosotras, mientras tanto, disfrutábamos de cada instante desde nuestro sitio.
Y qué espectáculo verlos tan cerca.
Los ciervos con sus impresionantes cornamentas, los gamos moviéndose entre los árboles, las cabras montesas en su ambiente y los jabalíes buscando su alimento… Cada encuentro era diferente y nos hacía sacar el móvil para intentar guardar en una fotografía aquello que nuestros ojos estaban disfrutando.
Y entre animal y animal, entre explicaciones, fotografías y paisajes, Inma y yo no paramos de disfrutar.
Porque viajar también es esto: compartir pequeñas aventuras con alguien que quieres, reírte de cualquier tontería, sorprenderte ante un animal que aparece de repente y decir aquello de “¡mira, mira!” como si fuera la primera vez que ves uno.
La tarde se nos fue pasando casi sin darnos cuenta.
El sol entre los pinos, el aire de la sierra, el olor a naturaleza y aquellos animales viviendo a su ritmo hicieron que todo tuviera algo mágico. Durante unas horas nos olvidamos de las prisas y simplemente nos dedicamos a mirar, escuchar y disfrutar.
Al regresar, llevábamos las fotografías en el teléfono, pero también algo mucho más importante: un recuerdo bonito compartido.
Una mañana de piscina para descansar y una tarde de aventura en plena naturaleza.
Así ha sido nuestro día en Cazorla.
Inma y yo, dos amigas, un tren, una sierra llena de vida y una tarde de esas que se quedan para siempre en la memoria. ❤️🌿🦌
Porque al final, los mejores viajes no siempre son los que están más lejos. A veces están aquí mismo, entre nuestros montes, nuestros árboles y nuestra gente. Y esta tarde, en el Parque Cinegético de Cazorla, nos regaló un poquito de esa magia que solo la naturaleza sabe ofrecer.