
Hoy, 12 de septiembre,
el calendario pronuncia tu nombre
y a mí me nace una sonrisa.
Porque para mí, María,
no eres solamente un nombre bonito,
ni una fecha marcada en rojo.
Eres familia.
Eres recuerdo.
Eres presente.
Eres ese pedacito de mi vida
que lleva tu nombre.
María, mi hermana.
María, mi sobrina.
Dos Marías distintas,
y un mismo lugar en mi corazón.
A una la he visto caminar a mi lado,
compartir conmigo años, historias,
risas, preocupaciones y silencios.
La vida nos ha ido cambiando,
nos ha puesto piedras en el camino
y también momentos que guardamos
como pequeñas luces.
A la otra la he visto crecer
con esa magia que tienen los niños
cuando llegan a una familia
y, sin saberlo,
llenan de luz rincones que estaban vacíos.
Y qué curioso es el corazón:
puede querer de una manera diferente
y, sin embargo, querer con la misma intensidad.
Por eso hoy quiero celebrar
a mis dos Marías.
A la hermana que forma parte
de mis raíces,
de mis recuerdos,
de tantas páginas de mi historia.
Y a la sobrina que representa
la vida que continúa,
los sueños que todavía están por escribirse
y esa alegría que rejuvenece el alma.
Hoy le pido a la Virgen María
que os cubra con su manto,
que os acompañe en cada camino,
que os dé salud, amor y fortaleza
y que os proteja siempre
de todo aquello que pueda haceros daño.
Y también le doy gracias.
Gracias por haberos puesto en mi vida.
Por ser parte de mi historia.
Por esos momentos que quizá parecieron pequeños
pero que con los años
se convierten en tesoros.
Hoy mi felicitación no cabe
en un simple «feliz santo».
Porque cuando digo María,
digo mucho más.
Digo hermana.
Digo sobrina.
Digo familia.
Digo cariño.
Digo recuerdos.
Digo futuro.
Digo dos nombres
que viven en un mismo corazón.
Y si pudiera pedir un deseo para vosotras,
sería muy sencillo:
Que la vida os trate con ternura,
que nunca os falte una mano amiga,
que tengáis motivos para sonreír
y que, pase lo que pase,
siempre sepáis cuánto os quiero.
Feliz día, mis dos Marías.
Que la Virgen os acompañe
y que vuestro nombre siga siendo
una de esas palabras dulces
que mi corazón pronuncia
con especial cariño.
Porque hoy celebro vuestro santo,
pero en realidad
celebro algo mucho más grande:
la suerte de teneros en mi vida. ❤️





