A Antonio Machado, en el jardín que sueña

En la hondura verde del agua dormida
camina tu sombra con sombrero de musgo,
mientras los relojes brotan como hiedra
de un tiempo que no tiene orillas.

Los álamos murmuran tu nombre
con voz de acequia lenta,
y una tarde de Soria —sin edad—
se abre como hoja de menta en el aire.

Hay un camino que crece hacia dentro,
cubierto de tréboles y preguntas,
donde tus pasos son semillas
y cada duda florece en silencio.

Duermen las palabras bajo la hierba,
pero sueñan…
y en el sueño son río,
son patria de luz entre los juncos.

Tu mirada —verde y leve—
cruza la niebla de los espejos,
y deja en la tierra
un corazón de olivo latiendo.

Oh caminante de la lluvia interior,
en este bosque que piensa contigo
las fuentes aprenden a recordar
y el viento escribe:
todo es brote,
todo regresa.

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