Caleidoscopio de Sombras

En el jardín de lo nunca dicho,
donde el silencio germina ecos de cristal,
los sueños tejen su trama de alfabetos rotos
con hilos de luna líquida y tiempo inmóvil.

No hay fronteras de piel ni de razón,
sólo el vaho de un recuerdo que se desvanece
en espirales de azúcar y olvido.
Las campanadas de medianoche
se derriten en la lengua,
dulces y amargas como un adiós.

El carrusel de los espejos gira,
y en cada vuelta nace un yo distinto:
uno de sal, otro de humo,
uno con raíces de relámpago,
otro con pupilas de arcilla.
Todos hablan en coro con la voz del viento,
contando secretos que sólo entiende la nada.

Ríos de tinta plateada fluyen
hacia un mar de pergaminos infinitos,
donde los peces escriben poemas
con aletas de luz fosforescente.
No pesan las palabras, flotan,
como mariposas atrapadas en ámbar.

Y tú, viajero de este limbo ardiente,
te deshaces y construyes
con la arcilla de los mitos.
Eres un fantasma con sed de aurora,
un dios menor de un panteón de sueños,
bailando sobre el vacío
con zapatos de espuma de estrellas.

Es el reino donde la lógica se ahoga
y sólo sobrevive el asombro,
ese animal quieto y brillante
que nos observa desde el otro lado
del espejo.

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