El pequeño árbol que quería volar

Había una vez, en un bosque lleno de colores y sonidos mágicos, un pequeño árbol llamado Timo. Timo no era como los otros árboles, siempre se sentía diferente. Mientras los demás árboles estaban felices siendo grandes y fuertes, él solo soñaba con una cosa: ¡quería volar!
Cada día, Timo miraba al cielo y veía a los pájaros surcar las nubes, y a las mariposas bailar entre las flores. “¡Oh, cómo me gustaría volar como ellos!”, pensaba. Pero claro, él no tenía alas, solo ramas y hojas.
Un día, mientras soñaba con volar, una mariposa llamada Lila se posó sobre una de sus hojas. “¿Por qué estás tan triste, pequeño árbol?”, le preguntó.
“Me gustaría volar, como los pájaros y las mariposas”, suspiró Timo.
Lila sonrió y agitó sus alas. “Pero tú ya haces algo muy especial, Timo. Tus hojas están llenas de vida, y los animales vienen a descansar bajo tu sombra. Los pájaros hacen nidos en tus ramas, y los niños juegan a tu alrededor. No necesitas alas para hacer el mundo hermoso”.
Timo pensó un momento. “Tal vez tienes razón”, dijo, algo más contento. “Aunque no puedo volar, puedo hacer que otros se sientan felices y en paz”.
Desde ese día, Timo dejó de soñar con volar. En lugar de eso, disfrutaba ver cómo los animales se sentaban bajo su sombra y cómo las hojas caían suavemente al viento, como si también ellas danzaran. Y, aunque no tenía alas, Timo entendió que podía ser feliz siendo quien era: un árbol que hacía sonreír a todos los que lo rodeaban.
Moraleja: Todos somos especiales a nuestra manera. A veces no necesitamos ser como los demás para ser felices. Ser uno mismo es lo que realmente importa.

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