
Mi pasado
—esa casa de sombras y espejos rotos—
lo deposito en tu misericordia
como quien deja una herida
en el regazo de una Madre
y deja de temblar.
Mi presente
late pequeño,
casi un gorrión entre tus dedos,
pero lo enciendo en tu amor
para que arda sin consumirse,
zarza viva
en mitad de mis horas.
Y mi futuro…
ese libro que no sé leer,
esa noche sin mapas,
lo abandono en tu providencia
como el río que no conoce el mar
y sin embargo camina hacia él.
Tú sabes, Señor,
que mi pobreza es grande:
no tengo más pan
que este día que amanece,
no tengo más vino
que este instante que respira.
Hoy es mi único tesoro.
Hoy,
para decir tu nombre
en la frente del que sufre,
para abrazarte
en los ojos que me buscan,
para sembrar ternura
en la tierra de lo sencillo.
Hoy,
sin promesas largas,
sin heroicidades imposibles:
solo este amor
que cabe en mis manos
y que te entrego
temblando.
Porque todo lo demás
se me escapa como arena,
y lo único que poseo
—lo único que es verdad—
es este ahora
donde tú me esperas. ✨
Hola buenos días Elena muy bonito muchas gracias es precioso 😘