La Luz de tu mirada

La luz de tu mirada
no alumbra: revela.
Hace visibles las cosas pequeñas
—el polvo que flota,
la grieta que aún respira,
mi nombre dicho sin voz—.

Cuando me miras,
el mundo baja el volumen
y todo lo que pesa aprende a ser leve.
No prometes eternidades,
pero sostienes el instante
como quien protege una llama del viento.

Hay miradas que pasan,
la tuya se queda.
Se queda incluso cuando no estás,
encendida en la memoria,
diciéndome que hay un lugar
donde soy casa.

Y si alguna vez llega la noche
con su hambre de dudas,
bastará recordarte
para que amanezca.
 

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