
En la orilla suave de la mañana,
la primavera no llegó… se soñó.
No abrió flores: las dibujó el aire,
una a una, con dedos invisibles,
como si alguien —desde otro mundo—
recordara cómo era la vida
y la trazara de nuevo.
El cielo, distraído,
se vistió de un azul que no existe,
un azul que solo aparece
cuando los ojos se cierran
y el alma mira.
Los árboles susurraban nombres
que nunca aprendimos,
y aun así…
los entendíamos.
Había un río suspendido en el tiempo,
no corría: respiraba.
Y en su reflejo
no estábamos nosotros,
sino lo que fuimos
antes de tener miedo.
Las flores no crecían en la tierra,
brotaban de las grietas del silencio,
de antiguas heridas del mundo
que, por un instante,
decidieron florecer.
Y tú caminabas —o tal vez volabas—
sin peso, sin historia, sin reloj,
dejando huellas de luz
que nadie veía,
pero todo lo cambiaban.
Era un día distinto,
uno que no pertenece al calendario
ni a las estaciones conocidas.
Un día que ocurre
cuando el corazón, sin avisar,
se abre como una ventana
y deja entrar lo imposible.
Y entonces lo entendí:
la primavera no siempre llega de fuera.
A veces
se sueña dentro…
y basta. 🌿✨

Hola buenos días Elena muy bonito me a encantado es precioso el vidio es muy bonito gracias