
La poesía no pide permiso,
no espera que le abran la puerta,
ni que le den un papel donde escribir.
Ella se cuela entre las grietas,
habita el aire, el silencio, el grito
y, en su furia, se hace infinita.
No sabe de fronteras,
ni de leyes que la contengan,
ni de naciones que intenten moldear su voz.
Su libertad es absoluta,
un desbordamiento de ideas
que se transforman en palabras,
en susurros y en cantos que no cesan.
Es grito y es calma,
es lucha y es descanso,
es un río que nunca se detiene,
que no pregunta si es permitido
ser tan libre, tan radical.
Es puente, es guerra, es paz,
y solo le importa ser,
y existir más allá de cualquier línea trazada
por los que temen al desorden.
Hola buenos días Elena que bonito me encanta gracias!!