Polvo de estrellas y coronas rotas

Había una vez una princesa que no soñaba con coronas compartidas ni con besos que despertaran destinos ajenos. Soñaba, en cambio, con alas.
Vivía encerrada en la torre más alta del reino, bajo la vigilancia de un padre que confundía el amor con el control y la protección con la tiranía. Desde pequeña le habían repetido que su destino estaba escrito: un matrimonio arreglado, un reino que gobernar desde las sombras y una vida que no le pertenecía.
Pero ella sabía algo que nadie más parecía recordar: su corazón no tenía dueño.
Cada noche, al caer la luna, la princesa abría la ventana prohibida y miraba las estrellas. Y una noche, las estrellas le respondieron.
Tres pequeñas luces descendieron del cielo como chispas de fuego suave. Eran hadas: Liria, Nuba y Solén, sus amigas secretas, guardianas de los sueños que se niegan a morir.
—No naciste para obedecer cadenas —le dijo Liria. —Ni para amar por obligación —susurró Nuba. —Naciste para elegir —sonrió Solén.
Entonces abrieron un frasco de cristal lleno de polvo de estrellas. El aire se llenó de brillo, de viento, de promesas. La princesa cerró los ojos, dio un paso al vacío… y voló.
Voló lejos de la torre. Lejos del miedo. Lejos del destino impuesto.
Mientras cruzaban las nubes, la princesa recordó a sus tres hermanas, enviadas a reinos lejanos, condenadas a matrimonios sin amor, atrapadas en jaulas doradas. Su corazón ardió con una certeza nueva.
—Vamos a salvarlas —dijo. —Y traerlas al país de las hadas —respondieron ellas al unísono.
Y así comenzó la aventura.
Un viaje de castillos oscuros y hechizos antiguos. De reinas crueles y reyes que temen a las mujeres libres. De alianzas inesperadas y batallas ganadas con inteligencia, amistad y coraje.
No había príncipes. No hacían falta.
Solo había hermanas que aprenderían a volar juntas. Una princesa que se convirtió en líder. Y una bandera que ondeaba en el cielo, bordada con tres palabras:
Libertad.
Empoderamiento.
Amor propio.
Y desde entonces, en los reinos donde antes reinaba el miedo, comenzó a contarse una nueva clase de cuento de hadas.

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