📖 La partida de nacimiento de Jesús.

Supongo que Jesús se reiría por dentro al conocer esas discusiones tontas de los fariseos sobre su lugar de nacimiento:

 ¿También tú eres galileo? Estudia y verás que de Galilea no salen profetas.

 O sea, que si es de Galilea no puede profetizar, porque ningún galileo ha profetizado nunca. Alguno tendría que ser el primero, digo yo. ¿Y si es de Burgos? Como si los hombres nacieran de la tierra, igual que las patatas. Valiente majadería.

 Jesús podría haberlos callado rápidamente; le hubiera bastado con enseñar su partida de nacimiento, porque Él no había nacido en Galilea, sino en Judea; y nada menos que en Belén, la tierra del rey David, de la que estaba anunciado que procedería el Mesías. Pero ¿para qué? Su nacimiento en Belén es confirmación para quienes creemos, nada más. Pero para salvar al hombre no bastaba con haber nacido en Belén.

 Jesús salva al hombre porque procede del Padre. Ésa es la partida de nacimiento que Jesús siempre exhibió, y que los fariseos nunca aceptaron.

 Tampoco nosotros redimiremos almas por ser de Madrid, ni de Jalisco. Ni por ser guapos o cantar bien, sino por estar unidos a Cristo y haber nacido de su costado.

Padre José-Fernando Rey Ballesteros

Y yo contesto:

Es cierto: el lugar de nacimiento no salva. Ni Belén, ni Galilea, ni ninguna tierra concreta tienen poder redentor por sí mismas. Dios no actúa por geografía, sino por amor. Y en eso tienes toda la razón: lo esencial es que Dios es Padre, que nos ha creado del barro y que en Cristo nos ha amado hasta el extremo, muriendo y resucitando por nosotros.

Pero tampoco es casualidad nada de lo que Dios hace.

Que Jesús naciera en Belén no es un dato irrelevante, sino un signo: Dios entra en la historia concreta, en un pueblo concreto, cumpliendo promesas. No porque “eso salve”, sino porque Dios es fiel a su palabra y se revela dentro de la historia humana, no al margen de ella.

Ahora bien, lo decisivo no es Belén… sino el origen eterno de Cristo en el Padre. Ahí está la verdadera “partida de nacimiento”, como bien dice el texto. Jesús no es solo un hombre situado en un mapa, sino el Hijo que viene del Padre para devolvernos al Padre.

  • Somos barro, sí… pero barro amado.
  • Venimos de Dios… y estamos llamados a volver a Él.
  • No nos salva un lugar, ni una identidad externa, ni siquiera nuestras cualidades.
  • Nos salva el amor de Dios encarnado en Cristo.

Por eso, decir “da igual dónde nazcas” es verdad en cuanto a la salvación…
pero no significa que todo sea indiferente, sino que Dios puede encontrarte y salvarte en cualquier lugar.

Al final, lo importante no es de dónde venimos según la carne, sino si hemos “nacido de Dios” (cf. Jn 1,13).

Poema:

Nací del barro,
entre manos de un Dios que ama.

No fue la tierra mi origen,
sino su aliento en mi nada.

Da igual Belén o el camino,
da igual la cuna o la casa,
si el Amor se hizo hombre
y en mi herida descansa.

No me salva mi nombre,
ni la sangre, ni la raza,
me salva un Padre que llama
y un Hijo que me abraza.

Y al final del sendero,
cuando el polvo vuelva al alma,
seré barro en sus manos…
y Amor que nunca se acaba.

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