
A veces vuelves, Pablo,
no desde un lugar,
sino desde un pliegue del aire
donde el tiempo se equivoca
y nos deja intactos.
Es 29 de abril otra vez.
La primavera respira joven,
demasiado pura para entender la herida,
y sin embargo
hay una grieta de luz
por donde entras
como quien nunca se fue.
Traes en los bolsillos
canicas que aún giran,
veranos que no terminan,
la esquina donde éramos invencibles
y la risa —tu risa—
abierta como una puerta sin casa.
Éramos dos.
Siempre dos.
Mitades del mismo relámpago.
Tú, año y medio menor,
y sin embargo
con esa estatura secreta
de quien protege sin ruido,
de quien mira por los dos
cuando el mundo todavía
no sabe mirar.
En este sueño que insiste
te veo cruzar calles sin miedo,
saludar a todos,
como si cada rostro
fuera ya un recuerdo querido.
Llevas el corazón sin orillas,
como entonces,
cuando el mundo te cabía
en las manos abiertas.
Y los fines de semana
tenían otro pulso:
carpas, voces,
manos que aprendían a darse,
la esperanza latiendo
en cada gesto compartido.
Y mientras tanto,
los árboles siguen aprendiendo a ser verdes,
la luz sigue naciendo sin sospecha,
y yo sigo encontrándote
en la raíz de las cosas simples:
una risa compartida,
una mano tendida,
un gesto que no pregunta.
Aquel día —recuerdo—
la primavera se quedó sin lenguaje.
No supo decirte adiós.
Por eso te guarda.
Te escribe en los pétalos,
te esconde en la tarde,
te deja caer como una música leve
en los días que duelen.
No te has ido, Pablo.
Te has vuelto otra forma de estar:
un hilo de aire que me nombra,
una claridad obstinada,
un latido que no entiende de finales.
Y así,
cada 29 de abril,
cuando el mundo parece romperse
y florecer al mismo tiempo,
volvemos a ser dos.
Inseparables.
Como si el tiempo, por una vez,
se arrodillara ante la memoria
y nos dejara
—solo un instante—
vivir sin despedidas.
















Precioso, os recuerdo en la pandilla de Urbis y especialmente a él siempre atento s tí pero permitiendo tú espacio. Recuerdos bonitos de tiempos pasados. Seguro que te cuida y una despedida no lo es si sientes a la persona querida tan cerca , rozandote a cada instante sintiendote feliz
Es imposible tener un amor tan grande por un hermano y ser capaz de escribirle con el alma en el aniversario de su ida al más allá.
Elena, siempre te lo he dicho, eres una grandísima poetisa.