Entre gigantes, volantes y farolillos: la Feria de San Miguel de Úbeda

Una sevillana en tierras ubetenses, veinte años después, sigue encontrando motivos para celebrar la vida.

Hay días en los que una decide dejar a un lado las tristezas, las preocupaciones y esos pensamientos que, a veces, pesan más de la cuenta. Días en los que una se mira al espejo, rescata el traje de flamenca, se coloca los pendientes y se dice a sí misma: «¡Venga, Elena, que estamos de feria!».

Y así comienza mi Feria de San Miguel.

Ayer, las calles de Úbeda se llenaron de música, de alegría, de niños con los ojos muy abiertos y de mayores que volvían a sentirse pequeños ante el paso de los gigantes y cabezudos. Una tradición que anuncia que la feria ya está aquí, que la ciudad se viste de fiesta y que ha llegado el momento de salir a la calle y compartir la alegría.

Las fotografías de estos días hablan por sí solas: las calles abarrotadas, los balcones llenos de curiosos, las figuras gigantescas desfilando entre la gente, los colores, las luces y ese ambiente especial que transforma por unos días la rutina de la ciudad.

La feria tiene esa magia: consigue que las calles se conviertan en un escenario y que todos, de alguna manera, seamos parte de la fiesta.

Una sevillana con corazón ubetense

Llevo veinte años viviendo en Úbeda. Veinte años en esta tierra que me acogió y que, poco a poco, se ha ido convirtiendo en parte de mi historia.

Pero una puede cambiar de ciudad, de casa y de costumbres, y seguir llevando Sevilla prendida en el alma.

Porque yo soy sevillana. Y cuando pienso en una feria, inevitablemente, mi memoria viaja hasta el Real de Abril, a sus casetas, a sus calles de albero, al paseo de caballos, a los coches de caballos engalanados, a los volantes que se mueven al compás de las sevillanas y a ese ambiente que parece prolongarse hasta que la madrugada se despide.

La Feria de Abril es otra dimensión para quien la ha vivido desde dentro. Tiene una personalidad propia, una historia y unas dimensiones difíciles de comparar.

Pero he aprendido que no todas las ferias tienen que ser iguales para tener su encanto.

La Feria de San Miguel tiene su propia identidad, su carácter ubetense, sus tradiciones y una manera particular de reunir a la gente. Aquí también hay alegría, música, trajes de flamenca, encuentros y ganas de pasarlo bien.

Y aunque mi corazón sevillano siempre encuentre motivos para hacer comparaciones, he aprendido a disfrutar de lo que tengo delante, sin pedirle a Úbeda que sea Sevilla.

Porque Úbeda es Úbeda. Y también tiene mucho que celebrar.

No soy muy feriante… pero por mis amigas, ¡lo doy todo!

Hay algo que debo confesar: no soy de esas personas que esperan la feria durante todo el año ni de las que necesitan pasar cada día entre casetas y atracciones.

Me gusta la feria, sí, pero a mi manera.

Y, sobre todo, me gusta por las personas con las que la comparto.

Porque hay amistades que consiguen que una se anime incluso cuando el cansancio aprieta, cuando los pies protestan o cuando las ganas de salir parecen haberse quedado escondidas en algún rincón.

Por mis amigas, me arreglo, me pongo mis volantes y salgo a la calle dispuesta a disfrutar.

Y hoy toca vestirse de flamenca.

Ese traje que tiene algo de celebración, de identidad y de alegría. Un traje que no entiende de preocupaciones, de días difíciles ni de esas veces en las que una no se reconoce del todo frente al espejo.

Hoy quiero mirarme con otros ojos. No con los de la exigencia, sino con los de la ilusión.

Quiero disfrutar de mis amigas, de las conversaciones, de las risas, de la música y de esos pequeños momentos que, sin darnos cuenta, terminan convirtiéndose en recuerdos hermosos.

No necesito bailar toda la noche ni recorrer cada rincón del recinto ferial. No necesito demostrar nada a nadie.

Me basta con estar, con compartir y con sentir que la vida sigue ofreciéndome motivos para sonreír.

Que no falte la alegría

Quizá eso sea lo más bonito de una feria: que nos recuerda que todavía podemos ilusionarnos.

Que, aunque hayamos atravesado días complicados, aunque arrastremos preocupaciones y aunque el cuerpo no siempre responda como quisiéramos, seguimos teniendo derecho a disfrutar.

A ponernos guapas, a bailar lo que podamos, a cantar, a reírnos de nosotras mismas y a dejarnos llevar por el ambiente.

La alegría no siempre llega sola. A veces hay que salir a buscarla. A veces viene de la mano de una amiga que te llama, de un traje de flamenca que espera en el armario o de una calle llena de música.

Y hoy quiero quedarme con eso.

Con los gigantes y cabezudos que ayer anunciaron la fiesta. Con las luces que iluminan las calles. Con el bullicio de la gente. Con los trajes de flamenca que llenan de color la ciudad. Con la amistad y con la oportunidad de vivir un día diferente.

No sé cuánto rato estaré en la feria ni cuántas sevillanas bailaré. Lo que sí sé es que quiero disfrutarla sin exigirme más de la cuenta.

Porque la feria también es aprender a vivirla a nuestro ritmo.

Y si en algún momento me canso, descansaré. Si los pies me duelen, me sentaré. Y si me apetece bailar, aunque sea a mi manera, ¡que suene la música!

Que para eso estamos de feria.

Hoy elijo vivir

Hoy dejo aparcados los pensamientos tristes, las comparaciones y las preocupaciones que pueden esperar.

No porque hayan desaparecido, sino porque también necesito regalarme un respiro.

La vida no puede ser únicamente afrontar dificultades, resolver problemas y cumplir obligaciones. También tiene que haber espacio para la música, para la amistad, para los volantes y para esos ratitos en los que el corazón se siente un poco más ligero.

Y si algo he aprendido en estos veinte años en Úbeda es que una puede echar de menos su tierra y, al mismo tiempo, querer profundamente la que la ha acogido.

Puedo añorar mi Sevilla, su Feria de Abril y su paseo de caballos, y emocionarme igualmente con los gigantes y cabezudos de San Miguel.

Puedo ser sevillana de nacimiento y ubetense de vida.

Puedo tener nostalgia y, aun así, estar agradecida por el presente.

Así que hoy me visto de flamenca, me reúno con mis amigas y salgo a disfrutar de la feria.

Que la vida ya nos pone suficientes dificultades como para no aprovechar los días de alegría que nos regala.

¡Viva la Feria de San Miguel! ¡Viva Úbeda! ¡Y que nunca nos falten las amigas, la música, los sueños y las ganas de seguir viviendo!

Porque, aunque Sevilla siempre me tire del corazón, hoy mi alegría también baila por las calles de Úbeda.

María Elena López de la Cuadra Una sevillana en Úbeda, con el corazón dispuesto a bailar.

«Entre volantes, sonrisas y buena compañía, celebrando la Feria de San Miguel de Úbeda. Sevillana de corazón, ubetense por los caminos de la vida y, sobre todo, con ganas de disfrutar, reír y seguir bailando al compás de la alegría. ¡Que nunca nos falten las amigas ni los motivos para sonreír!» 💃🌹

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