Una tarde en la Feria de San Miguel: amistad, risas y pequeños momentos de felicidad

Segunda parte: Crónicas de una sevillana en la feria de Úbeda

Hay tardes que no necesitan grandes acontecimientos para convertirse en recuerdos bonitos. Basta con una amiga, unas luces de colores, un paseo sin prisas y las ganas de disfrutar de la vida.

Hoy he vuelto a la Feria de San Miguel de Úbeda, esta vez acompañada de mi amiga Virginia. Y aunque la feria de Úbeda no es la de Sevilla, aunque sus casetas no tengan el mismo aire ni su música me traiga aquellos ecos de mi tierra, he descubierto que la feria también puede ser maravillosa cuando se comparte con alguien especial.

Porque, al final, una feria no son solamente sus luces, sus atracciones o sus sevillanas. Una feria también son las personas con las que la vives.

Paseando entre luces y tenderetes

La tarde comenzó con un paseo por el recinto ferial, recorriendo los tenderetes, curioseando entre los puestos y contemplando las casetas llenas de luces, colores y movimiento.

Había gente por todas partes, familias, grupos de amigos, niños disfrutando de las atracciones y ese bullicio tan característico de las ferias, donde parece que durante unos días la vida cotidiana se queda un poquito al margen.

Virginia y yo caminábamos, mirábamos, comentábamos y, cómo no, nos hacíamos fotografías. ¡Qué de fotos nos hemos hecho! Porque también hay que guardar esos instantes que, aunque parezcan sencillos, forman parte de nuestra historia.

Y allí estábamos las dos, disfrutando de nuestra tarde, sonriendo ante la cámara y dejando que la feria nos regalara su ambiente festivo.

Chocolate con churros, unos vinos y muchas risas

Y como en toda buena tarde de feria, llegó el momento de sentarnos y disfrutar de algo rico.

Un chocolate con churros, unos vinos y una buena conversación. Esas pequeñas cosas que saben todavía mejor cuando se comparten con una amiga.

No hacía falta mucho más. Un ratito de charla, alguna que otra risa, las fotografías para inmortalizar el encuentro y esa sensación agradable de estar donde quieres estar, con quien quieres estar.

A veces buscamos la felicidad en grandes acontecimientos, en viajes extraordinarios o en planes que parecen sacados de una postal. Y resulta que la tenemos delante, sentada a nuestra mesa, entre una taza de chocolate, un vino y la complicidad de una amiga.

Una sevillana sin sevillanas

Eso sí, a esta sevillana le ha faltado algo: la música de sevillanas.

¡Ay, esas sevillanas que me llaman por dentro! Esa música que invita a mover los pies, levantar los brazos y dejar que el cuerpo siga el compás, aunque no siempre responda como una quisiera.

He paseado por la feria, he disfrutado de las luces y del ambiente, pero no he encontrado ese rinconcito donde bailar unas sevillanas. Y es que una lleva Sevilla en el corazón y hay sonidos que forman parte de su memoria, de su infancia y de su manera de entender la fiesta.

Pero tampoco se puede tener todo. Y hoy he aprendido, una vez más, que disfrutar no significa que todo sea exactamente como lo habíamos imaginado.

La feria de Úbeda es diferente a la de Sevilla, sí. Pero tiene su encanto, su gente, sus luces y sus momentos. Y, sobre todo, tiene la posibilidad de compartir una tarde estupenda con personas que te hacen sentir bien.

Lo importante es disfrutar del momento

Hoy me quedo con eso. Con Virginia y conmigo paseando entre los puestos, con nuestras fotografías, con el chocolate con churros, con los vinos y con las conversaciones que hacen que el tiempo pase sin darnos cuenta.

Me quedo con la alegría de haber salido, de haberme arreglado, de ponerme mi traje de flamenca y de regalarme una tarde diferente.

Porque la vida no siempre nos ofrece aquello que soñamos, ni los escenarios son siempre los que conocimos. A veces cambian las ciudades, cambian las circunstancias y hasta cambia nuestra manera de caminar por el mundo.

Pero siempre queda la posibilidad de abrir una puerta, salir a la calle y encontrarnos con algo bonito.

Y hoy, en la Feria de San Miguel, lo bonito ha sido la amistad.

Gracias, Virginia, por compartir conmigo esta tarde de feria, por las risas, las fotografías y esos pequeños momentos que se convierten en grandes recuerdos.

Que no haya sevillanas no significa que no haya alegría. Que la feria no sea la de Sevilla no significa que no pueda disfrutarla. Y que la vida tenga sus dificultades no quiere decir que tengamos que renunciar a sus regalos.

Hoy he brindado por la amistad, por la feria y por las ganas de seguir viviendo.

Y mañana, si la feria sigue encendida, que me encuentre con la misma disposición: con el corazón abierto, una sonrisa en los labios y las ganas de seguir coleccionando momentos felices.

¡Viva la Feria de San Miguel! ¡Y viva la amistad!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *