Casi

Hay relaciones que no tienen nombre. No son amistad, pero tampoco amor. No son una pareja, pero duelen cuando se alejan. Habitan en ese territorio incierto donde las palabras nunca terminan de llegar.

Casi amigos. Casi novios. Casi amantes. Casi refugio.

Son personas que aparecen sin pedir permiso y, de alguna manera, cambian el paisaje de nuestros días. Con ellas compartimos conversaciones interminables, silencios que hablan, miradas que parecen promesas y despedidas que siempre dejan la sensación de que algo quedó pendiente.

Los «casi» son extraños. Viven entre la verdad y la mentira, entre el deseo y el miedo, entre el «quédate» que nunca pronunciamos y el «adiós» que jamás aceptamos del todo.

A veces las bocas se buscan, las manos se rozan y el corazón se adelanta a la razón. Otras veces solo queda la incertidumbre. Porque hay personas que llegan para enseñarnos lo que podría haber sido, pero no lo que terminó siendo.

Y, sin embargo, esos «casi» también dejan huella. Nos enseñan que no todo en la vida necesita una etiqueta. Que existen historias que no acaban en un «para siempre» y, aun así, forman parte de nosotros.

Quizá todos guardamos un «casi» en algún rincón del alma. Una historia sin final, una canción que nunca terminó de escribirse, un abrazo que llegó tarde o una llamada que nadie hizo.

¿Y si al final la vida también estuviera hecha de esos pequeños «casi»? De oportunidades perdidas, de valientes silencios, de cobardes despedidas y de personas que nunca fueron nuestras, pero que, de algún modo, siempre llevarán un pedacito de nosotros.

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