Copla de la rosa que no se marchita

Madre de mis madrugadas,
clavel de mi corazón,
aunque el cielo te llamara,
sigues siendo mi canción.

Por la vereda del campo
te siento junto al jazmín;
cuando florecen las rosas
vuelves sonriendo hacia mí.

Estribillo

Ay, madre de mis amores,
lucero de mi querer,
aunque no pueda abrazarte,
yo te vuelvo a reconocer.
En el vuelo de una alondra,
en el perfume del laurel,
porque una madre querida
nunca se deja de ver.

Cuando la luna se asoma
sobre el olivar en flor,
le pregunto si te ha visto
y me responde una canción.

Un petirrojo en la rama
me regala su cantar;
parece decirme al oído:
«Tu madre te viene a abrazar».

Estribillo

Ay, madre de mis amores,
lucero de mi querer,
en cada paso que doy
caminas conmigo también.
Hasta que un día el destino
nos vuelva a reunir los dos,
guardaré vivo tu nombre
dentro de mi corazón.

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