
Desperté de tu amor,
del embrujo lento de tu voz,
como quien sale del agua
y vuelve a respirar.
Fuiste primavera en mis manos,
sal en mi piel,
dulzura de fruta madura
mordiéndose en el tiempo.
Fuiste poema,
cuento a media luz,
canción que se quedaba
suspendida en el aire.
Pero aprendí el pulso de mis sueños,
el camino que me llama
cuando todo calla.
Quedaron atrás
el beso encendido del atardecer,
tu cuerpo latiendo bajo mi piel,
la caricia leve
como rocío en la mañana.
Desperté al mundo,
a su ruido, a su verdad,
y también a mi voz,
que ya no te nombra.
Agua corriendo bajo mis pies,
un “te quiero” que renace
pero ya no te pertenece.
Desperté,
sin hechizos,
sin cadenas invisibles.
Desperté…
y supe decirte adiós.