Levántate, Pablo

Levántate, Pablo,
de tu eterno descanso,
como Lázaro volvió a la luz
cuando una voz lo llamó por su nombre.

Levántate un instante.
Aquí hay personas que nunca pudieron conocerte,
sobrinos que hoy son hombres y mujeres
y que crecieron con el vacío de tu abrazo.

Levántate, Pablo.
Quiero presentarte a los amigos
que la vida fue sembrando en mi camino;
los que sostuvieron mis días
cuando el dolor quiso vencerme.

Quiero enseñarte la vida
que un día creíste que no tenía sentido.
La vida que, a pesar de las heridas,
aprendió a florecer entre las grietas.

Quiero que veas que aún pronuncio tu nombre,
que el tiempo no ha borrado tu risa
ni el lugar que ocupas en nuestra memoria.

Levántate, Pablo, como Lázaro.
No para vencer a la muerte,
sino para que el amor vuelva a reunirnos,
aunque solo sea en el milagro
de un recuerdo compartido.

Porque aquí te seguimos necesitando.
Tu familia.
Tus amigos.
Y yo, que todavía guardo conversaciones
que solo podrían terminar contigo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *