
Hay un momento en el que una decide dejar de esperar el día perfecto y empezar con el día de hoy.
Después de semanas de recuperación por la fractura del quinto metacarpiano —la llamada «lesión del boxeador»— y de tener que renunciar al Aquagym, a la piscina y a buena parte de mis planes de verano, comprendí que no podía seguir esperando a que todo fuera ideal para volver a cuidar de mí.
Mi cuerpo tiene sus límites. Convivo desde que nací con una parálisis cerebral infantil que afecta a mi lado derecho. Mis pies también tienen sus propias batallas y, con los años, el sobrepeso ha ido añadiendo una carga más a cada paso. Pero precisamente por eso necesito moverme, no menos.
No busco un cuerpo perfecto.
Busco un cuerpo que me permita seguir siendo independiente.
Un plan adaptado a mi realidad
En lugar de copiar rutinas imposibles, he decidido seguir un programa pensado para mí.
Mi tabla combina:
- Pilates suave para fortalecer el abdomen, la espalda y mejorar el equilibrio.
- Ejercicios de movilidad para mantener las articulaciones activas.
- Estiramientos diarios que alivian la rigidez muscular.
- Trabajo sentado o apoyada cuando necesito mayor estabilidad.
- Caminatas adaptadas a mi ritmo.
- Algunos ejercicios sencillos vistos en redes sociales, siempre seleccionando aquellos que respetan mis limitaciones y no comprometen mi equilibrio.
Las imágenes que comparto muestran algunos de esos ejercicios: movimientos de Pilates para el tronco y la pelvis, puentes de glúteos, giros suaves de columna, trabajo de piernas y ejercicios de fuerza realizados con una silla o junto a una pared. No todo sirve para todo el mundo, por eso adapto cada ejercicio a mis posibilidades.
Mi objetivo no es adelgazar deprisa
Durante mucho tiempo pensé únicamente en la báscula.
Ahora mi meta es mucho más amplia.
Quiero perder peso, sí.
Pero también quiero:
- caminar con menos esfuerzo;
- reducir el dolor;
- ganar equilibrio;
- fortalecer la musculatura;
- prevenir futuras caídas;
- conservar mi autonomía durante muchos años.
Cada kilo menos será un regalo para mis articulaciones.
La verdadera victoria
Quizá haya días en los que solo pueda hacer quince o veinte minutos.
Otros serán mejores.
Lo importante será no abandonar.
Porque el ejercicio no es un castigo por tener unos kilos de más.
Es un acto de amor hacia un cuerpo que lleva casi sesenta años sosteniéndome, incluso cuando las circunstancias no se lo han puesto fácil.
Hoy no compito con nadie.
Solo intento ser un poco más fuerte que ayer.
Y si este camino sirve para animar a otras personas con discapacidad, con lesiones o simplemente con miedo a empezar, habrá merecido la pena.
Porque nunca es tarde para volver a creer en uno mismo.
Y cada pequeño movimiento también es una forma de esperanza.
Ejercicios que he hecho hoy

