
Hoy he vuelto.
He vuelto a la piscina.
He vuelto a apuntarme al gimnasio.
He vuelto a poner mi cuerpo en movimiento después de unos meses de parón.
Y, sobre todo, he vuelto a sentirme bien conmigo misma.
Después de las vacaciones, de la Sierra, de tantos días haciendo cosas diferentes y disfrutando todo lo que pude, llegó también el momento de volver a mis rutinas. Durante esos meses había dejado aparcada mi actividad física y, aunque necesitaba ese descanso, hoy me he dado cuenta de cuánto echaba de menos sentirme activa.
Y qué bien sienta volver.
También he conseguido quitarme esos dos kilos que había cogido durante los días en la Sierra. Pero, curiosamente, hoy el número de la báscula me importa mucho menos que otra cosa: cómo me siento.
Me siento más ligera.
Más despierta.
Más activa.
Más animada.
Y eso también es salud.
Volver poco a poco
No quiero convertir esta vuelta en una carrera ni exigirme más de lo que mi cuerpo puede dar.
Quiero hacerlo a mi ritmo.
Sé perfectamente que mi cuerpo tiene sus limitaciones y que para mí determinadas actividades requieren mucho más esfuerzo que para otras personas. Hay días en los que caminar cuesta. Hay días en los que las piernas no responden como quisiera. Y hay momentos en los que tengo que parar, descansar o buscar la manera de adaptar el ejercicio.
Pero eso no significa que tenga que quedarme quieta.
Al contrario.
Tengo que encontrar mi manera de moverme.
Por eso vuelvo a la piscina, donde el agua hace que el cuerpo se sienta diferente y permite moverse con una sensación de ligereza que muchas veces fuera del agua no tengo.
Y también quiero retomar el Pilates, el aquagym y los aparatos de cardio, como la bicicleta estática y la elíptica, siempre adaptándolos a mis posibilidades.
No se trata de demostrar nada.
Se trata de cuidarme.
Mi cuerpo no es mi enemigo
Durante mucho tiempo he sentido rabia contra este cuerpo que tantas veces me pone límites.
Ese cuerpo que me hace caminar más despacio.
Que me obliga a calcular los pasos.
Que me hace tener miedo a una caída.
Que algunas veces parece ir por un camino diferente al que yo quiero recorrer.
Pero hoy quiero mirarlo de otra manera.
Mi cuerpo también es el que me ha llevado hasta aquí.
El que ha aguantado mis días malos y mis días buenos.
El que ha resistido viajes, excursiones, piscina, conciertos, paseos y aventuras.
El que, aun con sus dificultades, sigue intentando acompañarme.
Por eso quiero aprender a cuidarlo en lugar de estar siempre enfadada con él.
Y hacer ejercicio es una forma de decirle:
“Estoy contigo.”
No solo estoy trabajando el cuerpo
Cuando vuelvo al gimnasio no solamente estoy intentando mejorar mi condición física.
También estoy trabajando mi autoestima.
Porque cada vez que termino una sesión siento que he conseguido algo.
Quizá no haya recorrido kilómetros.
Quizá no haya hecho el ejercicio perfecto.
Quizá haya necesitado descansar más que otras personas.
Pero he ido.
Y eso ya cuenta.
Cada pequeño esfuerzo suma.
Una pedalada.
Unos minutos más en la piscina.
Un ejercicio de Pilates.
Una sesión de aquagym.
Un rato en la elíptica.
Pequeñas cosas que, juntas, pueden convertirse en algo grande.
Volver a confiar en mí.
Quiero sentirme viva
No quiero que mi discapacidad sea lo único que defina mi vida.
Sí, forma parte de ella. Y sería absurdo negarlo.
Pero yo soy mucho más que mis dificultades para caminar.
Soy las ganas de viajar.
Soy los amaneceres que me emocionan.
Soy la música que disfruto.
Soy mis amigas.
Soy mis escapadas.
Soy mis risas.
Soy mis ganas de seguir descubriendo lugares.
Y también quiero ser esa mujer que entra en la piscina, que se sube a una bicicleta estática, que hace Pilates, que participa en aquagym y que sale del gimnasio pensando:
“Hoy he hecho algo por mí.”
Recuperar la rutina también es recuperar una parte de mí
Después de meses sin hacer prácticamente nada, volver hoy ha sido mucho más que regresar al gimnasio.
Ha sido recuperar una rutina.
Recuperar energía.
Recuperar motivación.
Y recuperar una pequeña parte de esa Elena que a veces se pierde entre el cansancio, el dolor y las limitaciones.
No sé hasta dónde llegaré.
No sé cuántos días tendré fuerzas.
No sé si habrá semanas mejores y peores.
Seguramente las habrá.
Pero ya no necesito hacerlo perfecto.
Solo necesito seguir intentándolo.
Hoy he vuelto a moverme.
Y mientras me muevo, siento que algo dentro de mí también vuelve a ponerse en marcha.
Quizá eso sea lo más importante de todo.
Porque a veces pensamos que hacer ejercicio consiste solamente en fortalecer músculos, mejorar la resistencia o perder unos kilos.
Y sí, todo eso importa.
Pero también importa lo que sucede por dentro.
La satisfacción de cumplir contigo misma.
La sensación de volver a tener energía.
La alegría de mirarte al espejo y pensar que estás haciendo algo bueno por ti.
Y esa autoestima que empieza a crecer poquito a poquito.
Hoy he vuelto a la piscina.
Hoy he vuelto al gimnasio.
Hoy he vuelto a cuidarme.
Y qué bien se siente volver a elegirme.
Un día más.
Un paso más.
Un movimiento más.
Y, sobre todo, volver a sentirme yo.