Yo me levanto

No elegí el cuerpo que habito.
No elegí la parálisis cerebral,
ni el dolor que algunas mañanas despierta antes que yo.
No elegí el cansancio,
ni los pasos más lentos,
ni las heridas invisibles que la vida ha ido dejando.

Pero sí puedo elegir cómo mirar cada amanecer.

Hay días en los que el cuerpo pesa,
en los que los huesos protestan
y el espejo devuelve una imagen cansada.
Y, aun así, me levanto.

Me levanto porque la vida sigue esperándome.

Me levanto con un propósito nuevo,
con una palabra por escribir,
con una sonrisa por regalar,
con un abrazo por recibir,
con un rincón del mundo por descubrir.

No soy solo mis límites.
Soy también mis sueños.
Soy mi capacidad de amar, de crear, de escuchar, de tender la mano.
Soy todo aquello que el dolor jamás podrá arrebatarme.

Tengo una familia que me sostiene cuando flaqueo.
Tengo amigos que me quieren sin medir mis pasos,
que me hacen sentir valiosa, respetada, querida… como una princesa.
Y ese amor es una fuerza inmensa,
una luz que ninguna enfermedad puede apagar.

Sigo soñando con sentir la luna sobre mi piel,
la brisa del mar despeinándome el alma,
el rocío del amanecer besando mis manos.
Porque la belleza nunca ha dejado de buscarme.

Sé que Dios camina conmigo,
incluso cuando no alcanzo a sentir su mano.
Está en quienes me abrazan,
en quienes pronuncian mi nombre con cariño,
en cada nuevo amanecer que me regala otra oportunidad.

No soy una mujer vencida.

Soy una mujer que ha aprendido a levantarse una y otra vez.

Y mientras tenga aliento,
seguiré caminando con la esperanza en el corazón.

Porque la vida no me ha definido por lo que me falta,
sino por la fuerza con la que he amado.

Y cuando mire hacia atrás, no recordaré solo el dolor.

Recordaré que fui capaz de convertir las heridas en poesía,
el miedo en coraje,
las lágrimas en ternura
y cada nuevo día en un acto de gratitud.

Esa será siempre mi victoria.

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