Cazorla, unos días que me llevo llenos de recuerdos

Llegamos el lunes a los Apartamentos El Pinar, en Coto Ríos, con la idea de pasar unos días tranquilos. Pensaba que, al no tener coche, nuestras vacaciones serían sencillas: descansar, disfrutar de la piscina, pasear un poco y poco más.

Pero no contaba con Inma.

Mi amiga es incansable. Y gracias a ella, estos pocos días se han convertido en unas vacaciones intensas, llenas de naturaleza, aventuras, paisajes, risas, nuevas personas y momentos que sé que voy a recordar durante mucho tiempo.

Han sido solamente unos días, pero siento que hemos vivido muchísimo.

Cuando Dios despierta la montaña

Nuestro primer amanecer en Coto Ríos fue uno de esos regalos que no se pueden comprar.

Me desperté y allí estaba la Sierra de Cazorla comenzando lentamente un nuevo día. Primero la oscuridad, después los claroscuros entre las montañas y, poquito a poco, la luz entrando por el paisaje.

Parecía que Dios había sacado su paleta de colores y estaba pintando el cielo despacio, sin ninguna prisa.

Y mientras tanto, la naturaleza hacía su propia música. Los pájaros, algún gallo madrugador, el murmullo de los árboles, el aire y todos esos pequeños sonidos que solamente se escuchan cuando una se para de verdad.

Miré aquel amanecer y pensé que nadie puede pintar como Dios.

Él me estaba regalando el día poquito a poco.

Y yo solamente pude mirar, respirar y dar gracias.

Porque en medio de las montañas, Coto Ríos me recordó algo muy sencillo: todavía hay belleza. Muchísima belleza.

Piscina, descanso y una sorpresa

También hubo tiempo para descansar.

La piscina de los apartamentos se convirtió en nuestro pequeño refugio frente al calor del verano. Allí estuvimos tranquilas, hablando, riéndonos y dejando que el tiempo pasara sin mirar demasiado el reloj.

Pero con Inma era difícil quedarse quietas demasiado tiempo.

Una tarde nos esperaba una experiencia que no imaginábamos cuando llegamos.

Nos recogieron cerca de los apartamentos para llevarnos en el tren turístico hasta el Parque Cinegético de Cazorla.

Y allí comenzó otra de nuestras pequeñas aventuras.

Jabalíes, cabras montesas, ciervos, gamos… animales que pudimos contemplar en plena naturaleza mientras el guía nos explicaba sus costumbres y curiosidades.

En algunos momentos el guía se bajaba del tren para darles de comer, algo que solamente podía hacer él, respetando las normas del parque.

Nosotras disfrutábamos desde nuestro sitio, sorprendidas cada vez que aparecía un animal.

—¡Mira, mira!

Y otra fotografía.

Y otra.

Porque Inma y yo somos así. Nos gusta guardar los momentos.

Pero lo que realmente nos llevamos no cabe en el teléfono.

Nos llevamos una tarde preciosa compartida entre amigas.

El río Borosa

Y llegó el día del Borosa.

Nos adentramos en uno de los lugares más especiales de la Sierra de Cazorla, siguiendo el curso del río.

Agua, piedras, árboles, montañas, senderos y ese verde tan característico de algunos de sus remansos.

El río iba buscando su camino entre las rocas mientras nosotras buscábamos el nuestro, disfrutando de cada rincón.

Hubo cansancio, por supuesto. También paradas, fotografías, conversaciones y risas.

Porque una ruta no consiste solamente en llegar.

Consiste en todo lo que ocurre mientras caminas.

Y caminar junto a Inma hizo que el camino fuera todavía más bonito.

Ese día también comimos en la piscifactoría. Vimos el acuario y las tortugas, completando una jornada en la que la naturaleza volvió a ser la protagonista.

Cuando pienso en el Borosa, no recordaré solamente el agua o las montañas.

Recordaré a mi amiga a mi lado.

Recordaré nuestras conversaciones, nuestras fotos, nuestras pequeñas paradas y esa sensación tan bonita de estar viviendo algo que algún día echaremos de menos.

Acabamos la tarde en la piscina, viendo el atardecer, viviendo otro momento mágico.

Entre lagunas, bosques y montañas

Y como todavía nos quedaba mucho por descubrir, hicimos una ruta en 4×4 por el corazón de Cazorla.

Nuestro guía, Andrés, consiguió que aquella excursión fuera mucho más que un recorrido por la montaña.

Nos fue enseñando los secretos de la sierra, hablando de árboles, plantas, animales, lugares y curiosidades que seguramente habrían pasado desapercibidos para nosotras.

Pasamos por paisajes impresionantes, por zonas de gran altura, bosques, lagunas y montañas.

Conocimos lugares como las Navas del Espino y las Navas de San Pedro, atravesamos paisajes del barranco del Guadalentín y descubrimos rincones que parecen pertenecer a otro mundo.

Aprendimos sobre especies de árboles, líquenes, setas y muchas otras cosas que forman parte de este ecosistema.

Andrés nos habló también de lugares que todavía nos quedan pendientes, como los Poyos de la Mesa o la Cerrada del Utrero.

Y eso significa una cosa:

Tenemos que volver.

Porque Cazorla no se termina en unos días.

Siempre queda un camino por descubrir.

Durante la excursión compartimos también el día con Manuel y María, compañeros de aventura con los que formamos un grupo estupendo.

De esos grupos que hacen que una excursión sea todavía más agradable.

Personas que llegan a tu vida durante unas horas y, sin saberlo, también se llevan un pequeño espacio en tus recuerdos.

Y acabada la excursión comimos en Arroyo Frio.

Y la tarde de hoy, jueves, tocó parar

Después de la mañana tan intensa en las lagunas y tantos días intensos, la tarde de hoy necesitaba bajar el ritmo.

Inma se fue a la piscina y yo me quedé escribiendo, descansando y dejando que todos estos recuerdos fueran tomando forma.

Quizá también necesitaba este momento para comprender todo lo que hemos vivido.

Porque llegué pensando que, al no tener coche, haríamos poca cosa.

Y resulta que hemos hecho muchísimo.

He descubierto paisajes.

He conocido personas.

He respirado naturaleza.

He madrugado para ver amanecer.

He caminado junto al Borosa.

He viajado en tren entre animales.

He recorrido la sierra en 4×4.

He reído.

He hecho fotografías.

He hablado mucho.

He descansado.

Y, sobre todo, he compartido todo esto con una amiga.

Mañana nos vamos

Mañana viernes toca recoger las cosas y volver a casa.

Y me voy muy llena.

Llena de recuerdos, de imágenes, de conversaciones y de sensaciones.

Satisfecha.

Contenta.

Y encantada de haber venido.

Han sido pocos días, sí.

Pero muy intensos.

De esos días que parecen más largos porque dentro de ellos caben muchas vivencias.

Me voy con la sensación de haber aprovechado cada momento y con la certeza de que Cazorla me ha regalado mucho más de lo que esperaba.

Gracias, Cazorla.

Gracias por tus montañas, tus ríos, tus bosques, tus animales, tus amaneceres y tus caminos.

Gracias por recordarme que la naturaleza puede sanar un poquito por dentro simplemente con contemplarla.

Y gracias, especialmente, a Inma.

Mi amiga.

Mi compañera de aventuras.

Gracias por tu apoyo, por no dejarme quedarme quieta demasiado tiempo, por llevarme de un lado para otro, por las risas, por las fotografías y por compartir conmigo estos días.

Y gracias también a todas esas personas que hemos ido encontrando por el camino.

A Ramón, de los apartamentos, por su cercanía y amabilidad.

A Andrés, nuestro guía del 4×4, por enseñarnos una Cazorla diferente y contarnos tantos de sus secretos.

A Manuel y María, nuestros compañeros de excursión, por hacer todavía más agradable la aventura.

Y a todas esas personas que, aunque quizá solamente hayan formado parte de unos minutos o unas horas de nuestro viaje, han dejado algo bonito en estos días.

Así son los viajes.

Llegas pensando que solamente vas a conocer un lugar y terminas conociendo también personas, historias y una parte de ti misma.

Me voy de Coto Ríos con la mochila llena.

No de cosas.

De recuerdos.

Y mientras miro por última vez estas montañas, pienso que quizá las vacaciones no se miden por los días que duran, sino por todo lo que consiguen dejar dentro de nosotros.

Las nuestras han durado poquito.

Pero han sido grandes.

Muy grandes.

Y seguramente, cuando vuelva a mirar las fotografías, volveré a escuchar aquel amanecer, el agua del Borosa, las voces de nuestras excursiones y nuestras risas.

Y volveré a pensar:

Qué bonito ha sido vivir todo esto.

Hasta pronto, Cazorla.

Porque esto no es un adiós.

Es un:

volveremos. ❤️🌿🏔️

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