
Hay lugares que no necesitan grandes palabras para quedarse dentro de ti. Lugares en los que simplemente estar, respirar y mirar alrededor ya es suficiente. Y el río Borosa es uno de ellos.
Esta vez tocó vivir esta aventura junto a Inma. Dos amigas, muchas ganas de disfrutar y un paisaje de esos que hacen que una se olvide por un rato de todo lo demás.
Nos adentramos en uno de los rincones más bonitos de la Sierra de Cazorla, siguiendo el curso del río Borosa. El agua, las piedras, los árboles y las montañas nos acompañaron durante el camino. A cada paso aparecía una imagen diferente, como si la naturaleza se hubiera empeñado en regalarnos una fotografía detrás de otra.
El río bajaba entre las rocas con ese color verdoso tan especial que adquiere en algunos de sus remansos. A veces tranquilo, reflejando la luz del cielo y de los árboles, y otras veces sorteando las piedras mientras buscaba su camino.
Y allí estábamos nosotras, disfrutando a nuestra manera. Haciendo fotos, riéndonos, parándonos cada vez que algo nos llamaba la atención y, sobre todo, compartiendo el momento.
Porque una ruta no es solamente llegar a un lugar. También es todo lo que ocurre mientras caminas. Las conversaciones, las risas, el cansancio, las pequeñas paradas y esos instantes en los que miras a la persona que tienes al lado y piensas: «Qué bonito poder vivir esto juntas».
Hubo momentos en los que el paisaje parecía sacado de un cuento. Las paredes de roca abrazando el río, la vegetación cubriendo las laderas y ese cielo azul que se abría entre las copas de los árboles.
También hubo que hacer alguna que otra parada para descansar y, cómo no, para inmortalizar nuestra aventura. Porque si algo nos gusta a Inma y a mí es llevarnos recuerdos. Y estas fotografías no son solamente imágenes de un paisaje bonito. Son recuerdos de un día vivido, de una amistad y de esas pequeñas escapadas que terminan convirtiéndose en grandes momentos.
El Borosa nos volvió a recordar que no hace falta irse muy lejos para encontrar auténticas maravillas. La naturaleza tiene esa capacidad de colocarnos en nuestro sitio, de hacernos bajar el ritmo y de enseñarnos que, a veces, lo mejor de la vida está precisamente en detenerse y mirar.
Entre rocas, árboles y agua, nosotras seguimos nuestro camino con una sonrisa.
Y mientras contemplábamos aquel paisaje, pensé que hay viajes que se recuerdan por el lugar y otros por las personas con las que los compartes.
Este, sin duda, pertenece a los dos.
Al río Borosa, por su belleza.
Y a Inma, por compartir conmigo este día, estas risas, estas fotografías y tantos momentos que hacen que la vida merezca todavía más la pena.
Porque al final, de eso se trata: de seguir descubriendo caminos, de llenar la mochila de recuerdos y de encontrar siempre un motivo para sonreír.
Y qué mejor lugar para hacerlo que entre las aguas del Borosa y las montañas de nuestra querida Sierra de Cazorla.