Santa Elena: un nombre lleno de luz

Hoy llevo tu nombre entre las manos,
como quien sostiene una pequeña historia
hecha de fe, de caminos y de tiempo.
Hoy es Santa Elena,
y también es mi día,
mi manera de celebrar que existo
bajo un nombre que viene de lejos.

Santa Elena, madre de Constantino,
mujer que atravesó caminos y fronteras,
que buscó entre piedras y siglos
la memoria de una cruz.
Dicen que encontraste la Vera Cruz,
y con ella dejaste para la historia
un símbolo que aún permanece
cuando todo lo demás se desvanece.

Pero no solo la historia te recuerda.
También te nombra la tradición
como mujer de fortaleza,
de fe y de perseverancia;
como aquella que supo buscar
cuando otros habían dejado de hacerlo.

Y hoy pienso que algo de ti
también camina conmigo.

Porque en mi historia
he tenido que buscar mis propias cruces,
levantarme de mis propias caídas,
atravesar caminos que no elegí
y aprender a convertir las grietas
en lugares por donde entra la luz.

He conocido ausencias
que dejaron habitaciones vacías,
dolores que no tenían nombre,
días en los que avanzar
era ya una forma de valentía.

Y, sin embargo, aquí estoy.

Escribiendo, pintando, soñando,
poniendo palabras donde antes hubo silencio,
haciendo de la poesía una casa
y de la vida, a pesar de todo,
un lugar donde todavía caben
la esperanza, la belleza y el abrazo.

Por eso hoy celebro mi nombre.
No solo porque sea Santa Elena,
sino porque Elena significa
todo lo que he ido descubriendo
mientras caminaba.

Luz que no siempre se ve,
pero permanece.
Luz que no evita las sombras,
sino que aprende a atravesarlas.

Hoy brindo por todos mis años,
por lo vivido y por lo que vendrá,
por quienes dejaron huella,
por quienes siguen a mi lado
y por quienes viven para siempre
en algún rincón de mi memoria.

Que Santa Elena me siga acompañando
en este extraño y hermoso viaje
que llamamos vida.

Y si alguna vez vuelvo a perderme,
que mi propio nombre me recuerde
que también yo sé buscar.

Que también yo sé encontrar.

Y que, después de tanta noche,
todavía llevo dentro
una pequeña cruz de luz
que nadie ha conseguido apagar.

Feliz día de Santa Elena.
Feliz día de mi nombre.
Feliz día de mi vida.

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