
Buenas noches 🙂🤗
Hay momentos que parecen pequeños, casi insignificantes, pero que terminan convirtiéndose en recuerdos que guardamos con especial cariño.
Hoy he vivido uno de esos momentos.
Esta tarde he podido sentarme con mi hermana, las dos solas, en una tetería de Úbeda. Y mientras tomábamos un té, mirábamos la calle y dejábamos que el tiempo pasara despacio, me he dado cuenta de algo: no recuerdo haber disfrutado nunca de una tarde así con ella durante los veinte años que llevo viviendo en Úbeda.
Mi hermana y yo compartimos muchas cosas. También compartimos trabajo. Ella es mi jefa y yo trabajo con ella desde hace años. Por eso, muchas veces nuestro tiempo juntas está condicionado por horarios, responsabilidades, pacientes, llamadas, cosas que hacer y preocupaciones que resolver.
Pero hoy ha sido diferente.
Hoy no estaba allí como mi jefa.
Ni yo como su trabajadora.
Éramos simplemente dos hermanas tomando un té.
Sin prisas.
Sin mirar el reloj.
Sin tener que resolver nada.
Sin una obligación detrás de otra.
Solo conversar, reírnos, mirar las vistas y disfrutar de estar juntas.
Y quizá por eso me ha parecido tan especial.
Además, había una pequeña coincidencia que hacía todavía más especial la tarde: allí trabaja ahora mi sobrino como camarero. Después de pasar cinco años en América, ha regresado con nosotros y, además de trabajar en la tetería, da clases de inglés en una academia.
Verlo allí, atendiendo las mesas, también me hizo pensar en cómo va cambiando la vida.
Los que se marchan regresan.
Los niños crecen.
Las familias cambian.
Y nosotros seguimos acumulando años y recuerdos sin darnos cuenta.
Quizá por eso debemos aprender a detenernos de vez en cuando.
Porque la vida no puede ser únicamente trabajar, cuidar, cumplir, correr, solucionar problemas y esperar al siguiente día.
También necesitamos estas tardes.
Una mesa.
Un té.
Una conversación.
Una calle que se va quedando en silencio mientras cae la tarde.
Y alguien querido sentado frente a nosotros.
Hoy he mirado a mi hermana de una manera diferente. No porque haya cambiado ella, sino porque durante unas horas hemos podido dejar a un lado todos los papeles que normalmente nos acompañan.
Y me he quedado simplemente con mi hermana.
Ojalá podamos repetirlo.
Ojalá haya más tardes de té, más conversaciones sin reloj y más momentos en los que no tengamos nada que hacer salvo estar juntas.
Porque a veces descubrimos que aquello que más necesitamos no es hacer algo extraordinario.
Es simplemente tener tiempo para las personas que queremos.
Y hoy, después de veinte años en Úbeda, he descubierto que una tarde cualquiera puede convertirse en una tarde para recordar.
Una tarde tranquila.
Una tarde diferente.
Una tarde de hermanas. ❤️
Buenas noches. 🌙🫖