
Hoy he recibido con profunda tristeza la noticia del fallecimiento de mi primo Ángel Arboledas.
La última vez que le vi fue hace poco tiempo. Vino a mi casa para estudiar la posibilidad de realizar una terraza, dentro de su trabajo como arquitecto. Fue una visita sencilla, cotidiana, una de esas que en su momento parecen formar parte de la normalidad de la vida. Nadie imagina entonces que ese encuentro quedará grabado para siempre como una despedida.
Por eso la noticia de su partida me ha conmovido especialmente. Aún conservo el recuerdo de aquella conversación, de su presencia en mi hogar, de su disposición y profesionalidad. Son pequeños momentos que, cuando una persona se marcha, adquieren un significado mucho más profundo.
Ángel formaba parte de nuestra familia, de nuestras raíces y de nuestra historia compartida. Hoy quiero recordarle con cariño y gratitud, y elevar una oración por su descanso eterno.
Mis más sinceras condolencias a toda la familia y a todas las personas que tuvieron la suerte de conocerle y quererle. Que encuentren consuelo en los recuerdos, en el amor compartido y en la huella que Ángel deja en cada una de sus vidas.
Que Dios le acoja en su paz y en su misericordia.
Descansa en paz, Ángel Arboledas. Tu recuerdo permanecerá entre nosotros.