
Tengo las manos vacías,
sin fuerza.
¿Dónde sostener la vida?
¿Dónde sostener la plata?
¿Dónde sostener las ganas?
Se me escapan entre los dedos
los días,
los sueños,
las palabras que ayer
parecían suficientes.
Tengo las manos vacías
y el corazón lleno
de cosas que pesan.
¿Dónde dejar el miedo
cuando ya no caben más heridas?
¿Dónde apoyar el cansancio
cuando el cuerpo
se convierte en frontera?
He buscado respuestas
en los bolsillos del tiempo,
debajo de las piedras,
en las noches largas,
en los silencios
que nadie escucha.
Y no encuentro nada.
Solo estas manos abiertas,
desnudas,
temblando un poco
ante la vida.
Pero quizá
no tener nada entre las manos
también sea una forma
de empezar.
Quizá haya que soltarse
para poder recibir.
Quizá la vida no se sostiene
con las manos,
sino con aquello invisible
que permanece
cuando todo parece perdido.
Y aquí estoy.
Con las manos vacías,
sí.
Pero todavía abiertas.