Mi primera clase de guitarra: dos horas que pasaron volando 🎸

Ayer viví algo que llevaba tiempo esperando con mucha ilusión: mi primera clase de guitarra.

Llegué antes de tiempo. No porque tuviera que hacerlo, sino porque no podía con la impaciencia. Tenía esa mezcla de nervios, curiosidad y ganas que sentimos cuando comenzamos algo nuevo. A veces, empezar una actividad diferente es también una manera de demostrarnos que seguimos teniendo sueños, inquietudes y ganas de aprender.

La clase era de seis a ocho de la tarde y comenzamos con guitarra. Compartí ese primer momento con otra compañera, una señora mayor, y me gustó pensar que allí estábamos las dos, cada una con nuestra historia, comenzando a aprender algo nuevo.

El profesor nos habló de la melodía y los acompañamientos, de las diferentes partes de la guitarra y de cómo ir familiarizándonos poco a poco con el instrumento. También nos explicó una cosa que me tranquilizó especialmente: en la escuela de música no hay exámenes.

Y eso cambia mucho las cosas.

No existe esa presión que puede sentirse en un conservatorio. Aquí se trata de aprender, disfrutar, avanzar a nuestro ritmo y, sobre todo, disfrutar de la música.

Nos mandó unos ejercicios para practicar en casa y llegar preparados a la siguiente clase. Así que ahora toca sacar un poquito de tiempo y ponerme manos a la obra. 🎸

Después pasamos a Lenguaje Musical. Allí el grupo era mucho más variado. Había niños, jóvenes y adultos. Éramos unas ocho personas y, desde el primer momento, me gustó ese ambiente tan diverso.

Aprendimos el valor de las notas: la redonda, la blanca, la negra y la corchea. Trabajamos con el pentagrama y las notas y también hicimos ejercicios para aprender a llevar el ritmo.

Dábamos palmadas y repetíamos:

«Ta, ta, ta…»

Puede parecer sencillo, pero detrás de esas palmadas hay todo un mundo. Aprender a reconocer los tiempos, las notas y el ritmo es empezar a comprender ese lenguaje que después se convierte en música.

Y lo mejor de todo es que las dos horas se me pasaron volando.

Cuando quise darme cuenta, la clase había terminado.

Salí con deberes, sí, pero también con una sonrisa y con esa sensación tan bonita que queda cuando descubrimos que algo nos gusta de verdad.

Ahora toca practicar. Tendré que tener paciencia, repetir los ejercicios y aceptar que aprender a tocar un instrumento requiere tiempo. No pretendo convertirme en guitarrista de un día para otro. Quiero simplemente disfrutar del camino.

Porque quizá eso sea lo más bonito de empezar algo nuevo cuando ya hemos vivido tantas cosas: darnos permiso para seguir aprendiendo.

Ayer no aprendí solamente unas notas, unos ritmos o las partes de una guitarra.

Ayer aprendí que todavía puedo sentir esa ilusión de llegar temprano a una clase porque estoy deseando que empiece.

Y eso, para mí, ya es una pequeña victoria.

Mi primera clase de guitarra me gustó mucho.

Ahora comienza lo mejor: aprender, practicar y dejar que poco a poco mis manos encuentren su propia música. 🎶🎸

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